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6 de abril de 2019

LA PURIFICACION Y EL FUEGO


Yo no invento historias, la realidad es suficientemente increible

La Barceloneta, 2000
copyright Felix Achenbach


La brisa del ocaso…ummm que sensual se percibe, acariciando la piel. El cabello se reacomoda a su gusto pero yo sólo estoy atento a las sugerencias de un menú: corvina a la vasca...una buena opción.

Camino unas cuadras por la Barceloneta con el mar a mi derecha que suena con explosiones de agua negra y espuma. Mi objetivo de la noche es encontrar donde comer. Dura selección entre los restaurantes que se codean sobre la avenida.

¡Cuántas opciones y un solo estómago! Sigo caminando, entre curioso y hambriento, leyendo la interminable oferta
de delicias marinas.
Creo que ya vi bastante y me regreso por donde vine, ahora con el mar a la izquierda y tratando aún de decidir mientras disfruto la caminata.
Como siempre, pienso que esa noche ya hay en algún lugar una mesa que me está esperando y un pescado que todavía no sabe que su destino será mi estomago...y sigo.

La brisa se envalentona y produce pequeñas ráfagas que traen retazos de música lejana de algunas embarcaciones camino a la diversión. Es como escuchar una radio que constantemente cambia de estación.
Voy a cruzar una calle, pero a último momento tuerzo a la derecha. Una cuadra muy corta con un restaurant en la esquina.

En la ochava, dos ventanas con media cortina blanca bordada que parcialmente cubre el interior con iluminación suave y una puerta al centro también con vidrios y cortina y un menú incitante pegado al vidrio.

Mientras leo a la media luz de la calle un gato negro pasa corriendo el albur de un ratón imaginado y veo a una mujer cruzando la calle y persignándose por haber visto también al gato. Pasa a mi lado y como si me conociera dice: gato negro, majo, algo malo pasa esta noche! y se persigna otra vez y yo le respondo: ¿Que malo puede pasar en una noche tan hermosa?, ¡Mujer!

Volví mi atención al menú, una pareja salió del restaurant y me aparte para dejarlos pasar mientras un aroma a mar y ajos me ayudo a decidir que allí seria donde la mesa me estaba esperando.

Tome la manija de la puerta para entrar y en ese momento una luz intensa y movediza(link) se reflejó en los vidrios.

Me di vuelta a mirar y vi unas llamaradas enormes que luego de haber hecho explotar los vidrios de las ventanas laterales lengüeteaban las paredes de un edificio en la vereda de enfrente.
Segundo piso de cinco de un edificio antiguo con balcones a la calle. De golpe el fuego enfureció ayudado por la brisa apareció por las ventanas del frente tratando de alcanzar el piso de arriba.

En el balcón unas plantas en maceta, una bicicleta y alguna ropa colgada que rápidamente se encendió volando y desapareciendo en la noche como murciélagos en llamas.
Varias personas gritando se juntaron en la calle y alguien llamó a los bomberos que llegaron muy rápido. O a mí me pareció. Impávido en mi estado de incredulidad por lo que estaba sucediendo.

Las llamas enfurecidas salían hacia el balcón y alguien grito: la ampolleta...la ampolleta...va a explotar...
¿Que coños es una ampolleta? Entonces vi que en el balcón había lo que yo conozco como una garrafa de gas esperando que llegara el calor intenso para subir la presión y estallar. ¿Pero que más daño iba a hacer? El piso estaba en llamas y el calor se sentía desde la vereda de enfrente. Las plantas ya eran troncos carbonizados. Sin anunciarse los chorros de agua de los bomberos comenzaron el ataque.
Algunos de ellos entraron al edificio acarreando mangueras salvajemente enredadas para luchar contra el demonio desde adentro y ayudar a los que escapaban.

La noche se transformó en un caos, la brisa desparramaba el humo negro y nos hacía toser. Un camión de la policía se estaciono sobre la vereda del restaurant y yo quede allí en el medio de la hecatombe, todavía incrédulo, presenciando lo que más me aterroriza: un fuego devastador.

Las llamas bajaron su intensidad. El trabajo de los bomberos desde afuera y desde adentro estaba conteniendo el desastre.

Un nuevo aullido parecido a la sirena de bomberos me quitó la atención del siniestro y la enfoco en una mujer que corría desesperada en nuestra dirección.
Era una gitana, de tez oscura, ojos negros que reflejaban las llamas que aún se resistían, cabello negro amarrado y con un pie descalzo que corría y gritaba: ¡Mis niños...  mis niños...!
Uno de los policías la sostuvo y mientras ella completamente fuera de si luchaba por correr hacia el edificio y aullaba y lloraba y decía que se había ido a buscar unas patatas y dejo los niños jugando y que ella vivía en ese piso en el departamento de atrás... ¡Ay mis niños... mis niños...!

Uno de los bomberos tiznado y sudoroso se arrimó y le dijo que se calmara. ¿Como te llamas? Purificación, respondió ella entre sollozos, pero me dicen Puri.

Puri, yo soy de los que subió al piso y vi a los niños. ¡Cálmate maja!
Entre el bombero y el policía la subieron al camión, le dieron agua, trataron de tranquilizarla. Del restaurant le trajeron un vaso de coñac y la dejaron sola, sudorosa y sollozando.
Bajaron ambos del camión, cerraron la puerta y como estaban muy cerca de mí puede escuchar el intercambio.

- ¿De veras tu viste a los niños? Pregunto el policía.
- Si, respondió el bombero, son tres y estaban bajo la cama. Muertos por asfixia. Yo regreso a mi camión, tú se lo dices.

El gato negro esta vez paso por mi mente y decidí alejarme de la escena. Fuí buscando salir entre el gentío que hablaba en la voz baja de la conmiseración.

En esa calma me alcanzó un sonido que comenzó como una sirena de ambulancia se desdoblo convirtiéndose en aullidos de animal herido, en gruñidos incrédulos, en la voz de una mujer que entre gritos y gemidos gritaba: ¡Mis niños...  mis niños...!





3 comentarios:

  1. como la vida...aunque tambien dicen que la vida es corta...pero gruesa...

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  2. me encantó!!! es como si hubiera estado compartiendo cada momento con el protagonista, pero la pobre Puri me partió el corazón!!Felicitaciones nuevamente !!!!!

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